Seeguidoreeees

martes, 11 de noviembre de 2014

Mi suerte cambio cuando lo conocí a él, ojo eh, porque él no hizo nada. Al contrario él hizo lo que la vida hizo siempre conmigo, me ignoro. Pero por primera vez, deje de esperar a la suerte, deje de esperar a que la vida me haga un regalo. Aprendí que la suerte se hace cuando uno lucha por lo que quiere. Desde que aprendí a luchar por lo que quiero mi suerte cambio y ahora no espero más una limosna de la vida, ahora yo hago mi suerte. 
Las chicas sin suerte siempre somos espectadoras, nunca protagonistas. Pero ser espectador o protagonista depende solo de una decisión. A las chicas sin suerte nunca nos dan un protagonico, siempre somos nosotras las que tenemos que ir, pararnos en el centro del escenario, debajo de la luz y decir: Aca estoy!. Las chicas sin suerte vivimos lamentándonos por lo que nos toco en suerte, pero cuando nos revelamos, cuando agarramos el toro por las astas, algo empieza a cambiar. Las chicas sin suerte creemos que somos como una balsa en el mar... a la deriva... pero... podemos nadar, remar. Esta bien tenemos que remar mucho, si, pero remando llegamos a donde nosotras queremos no donde el mar nos lleva, entendes?. Ya no necesitamos la suerte, porque la suerte la hacemos nosotras. Las chicas sin suerte nunca somos amadas, y como no somos amadas las chicas sin suerte tenemos que hacer algo para que nos amen. Para las chicas sin suerte ser amadas es un trabajo, un esfuerzo. La suerte de la fea, la linda la desea. Pero la fea no tiene suerte, tiene actitud, ella sabe hacer su propia suerte. Es así los que no tenemos suerte tenemos que ser prepotentes, estirar la mano y agarrar lo que la vida nos mezquina.

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